Yo SI QUIERO ir a trabajar en bici.
Desde el gobierno municipal se anima a la población al empleo de medios de transporte ecológicos, que fomentan el ejercicio, el contacto con la naturaleza y con la sociedad. Ello me parece fantástico y merecedor de elogio. Es muy positivo el fomento del uso de la bicicleta.
El problema surge cuando la ciudad no está preparada para ello, en vez del fomento del ejercicio y del transporte ecológico estamos aumentando de manera notable la posibilidad de que algún ciclista sufra un accidente mortal.
Cada mañana, cuando me dirijo al trabajo por el camino viejo de Buñola con destino a Son Castelló puedo observar como osados ciudadanos se aventuran a acudir a su puesto de trabajo circulando en medio del intenso tráfico rodado.
Cierto es que se instaló un precario carril bici, el cual suele ser ignorado y que para acceder al centro del polígono industrial, por la calle Gremi Sabaters, los vehículos van sorteando a los osados ciclistas lo mejor que pueden ya que el carril no pasa por ahí. Incluso alguno sufre los improperios del típico conductor que llega tarde al trabajo y que considera que es el amo de la vía.
Señores políticos, puede que no sea hoy ni el mes que viene, pero tarde o temprano, algún ciclista caerá en la calzada y será atropellado. La calle se manchará de sangre y vísceras. El único delito que habrá cometido ese presunto cadáver será haber hecho caso de los políticos que le animaron a dejar el coche en casa y aventurarse en la jungla de asfalto sin mayor protección que sus huesos y en el mejor de los casos de un endeble casco.
Desde aquí apoyo totalmente el fomento del empleo de la bicicleta como medio de transporte, pero minimizando al máximo los riesgos, con carriles destinados a los ciudadanos que quieren poder ir a trabajar sin el miedo a ser aplastados por un camión ni que los compañeros de trabajo los consideren poco más que locos por osar navegar por la jungla de asfalto rodeados de vehículos a motor potencialmente mortales.
Espero poder acudir a mi centro de trabajo en bicicleta algún día, mi colesterol bien seguro que lo agradecerá, pero de momento y hasta que no se pongan los medios para que ese viaje de casa al trabajo no sea el “último viaje”, creo que lo más sensato será seguir contaminado la atmosfera con los gases de mi coche, que al menos me dan el refugio de una estructura metálica que garantiza mi integridad física en caso de cualquier pequeño impacto.
El problema surge cuando la ciudad no está preparada para ello, en vez del fomento del ejercicio y del transporte ecológico estamos aumentando de manera notable la posibilidad de que algún ciclista sufra un accidente mortal.
Cada mañana, cuando me dirijo al trabajo por el camino viejo de Buñola con destino a Son Castelló puedo observar como osados ciudadanos se aventuran a acudir a su puesto de trabajo circulando en medio del intenso tráfico rodado.
Cierto es que se instaló un precario carril bici, el cual suele ser ignorado y que para acceder al centro del polígono industrial, por la calle Gremi Sabaters, los vehículos van sorteando a los osados ciclistas lo mejor que pueden ya que el carril no pasa por ahí. Incluso alguno sufre los improperios del típico conductor que llega tarde al trabajo y que considera que es el amo de la vía.
Señores políticos, puede que no sea hoy ni el mes que viene, pero tarde o temprano, algún ciclista caerá en la calzada y será atropellado. La calle se manchará de sangre y vísceras. El único delito que habrá cometido ese presunto cadáver será haber hecho caso de los políticos que le animaron a dejar el coche en casa y aventurarse en la jungla de asfalto sin mayor protección que sus huesos y en el mejor de los casos de un endeble casco.
Desde aquí apoyo totalmente el fomento del empleo de la bicicleta como medio de transporte, pero minimizando al máximo los riesgos, con carriles destinados a los ciudadanos que quieren poder ir a trabajar sin el miedo a ser aplastados por un camión ni que los compañeros de trabajo los consideren poco más que locos por osar navegar por la jungla de asfalto rodeados de vehículos a motor potencialmente mortales.
Espero poder acudir a mi centro de trabajo en bicicleta algún día, mi colesterol bien seguro que lo agradecerá, pero de momento y hasta que no se pongan los medios para que ese viaje de casa al trabajo no sea el “último viaje”, creo que lo más sensato será seguir contaminado la atmosfera con los gases de mi coche, que al menos me dan el refugio de una estructura metálica que garantiza mi integridad física en caso de cualquier pequeño impacto.